Amistad
Los dos últimos días tuve el inmenso gusto de encontrarme con uno de mis hermanos de la vida, un amigo con quien tuve el honor de compartir sueños, proyectos, trabajo y crecimiento en mis últimos años de universidad. cuando éramos dos estudiantes bullangueros y entrometidos!!. La vida, los trabajos, la geografía... pusieron distancia entre nosotros.
Me complace ver que ahora es el flamante esposo de una mujer genial y papá de un niño espectacular y además es un profesional que ha crecido grandemente en su ejercicio. En fin, como podrán notar, me encantó volver a verlo y encontrar que le va bien, tan bien como se puede en nuestro país en medio de todas la inestabilidad que vivimos. ¡Estoy orgullosa de ti, amigo mío!
Estoy muy agradecida por esta oportunidad de reencontrarme con ese trocito de mi vida en el que me sentía grande y poderosa, atrevida, imparable; agradecida por encontrarme con alguien que todavía me ve así aun cuando estoy en uno de mis momentos de crisis. La presencia de mi amigo-hermano en mi ciudad, sus palabras, las conversaciones que logramos tener, me recordaron que soy capaz de brillar y que hay quien puede notarlo.
Y es cierto: mi corazón cuenta con otros soportes, gente de aquí que me acompaña y me brinda andamios materiales y espirituales, gente de allá de quienes siempre recibo el calor de un afecto "añejado" como los vinos más finos... ángeles todos que se hacen realmente presentes y cuidan de mi.
Amigo, haber podido recibirte, atenderte, pasearte y mostrarte lo bello de esta ciudad a ti y a tu familia, fue un inmenso placer que gustosa repetiría.
Retomo mi bandera: La amistad es imperecedera, carece de fecha de caducidad, trasciende las circunstancias, trasciende incluso los errores de cada cual, las distancias, los "defectos"... porque es amor... y el amor es perdón.

