Día de Difuntos
La mañana de hoy estuve en misa. La Iglesia Católica dedica este día a orar por el alma de aquellos que nos llevan la delantera en el camino de regreso al Padre. Hoy encomendé a mis abuelos: Papá Pepe, Mamá Lala,(1980); María (1983) y Rafael (1961). Mis tíos abuelos: Vicente (1986), Isabel (2003) y Carmen (2008) y a mi tío Vicente (1991).
Coincidencialmente, o por una "Dioscencia", por causalidad pues, este martes 4 se cumplirá un mes del fallecimiento de mi tía Carmen. Era en realidad tía de mi mamá y una figura muy cercana y presente durante mi infancia... Mi Tía Carmen.
Fue una mujer que nació con el siglo en circunstancias que para el momento representaban serias dificultades. Así, desararolló un carácter severo, muy firme y recto. Trabajó duro y se sostuvo en pie a sí misma y a su mamá... y alguna vez dió más de un "empujoncito" a su hermana y sobrinas.
Con determinación se ocupó de cuidar su salud y bienestar integral. Practicó yoga, era vegetariana y tan responsable consigo misma que era capaz de condenar un alimento si acaso éste le ocasionaba algún malestar. Además, siempre estuvo pendiente de qué era bueno para qué cosa... cremas para eliminar las manchas en la piel, barnices para fortalecer las uñas, hidratantes para el rostro... siempre coqueta y muy bien arreglada, peinadita y con su boquita pintada. ¡Arrugas y canas vinieron a dar cuenta de la edad que tenía en la cédula cuando alcanzaba casi los 90 años!
Recuerdo con cariño sus dulcitos... la mejor gelatina de leche que he probado en mi vida (perdón mamá - jeje), las rosquitas (ronquitas, como decía yo) que siempre tenía por ahí cuando sabía que yo iría de visita, los camburcitos, esas extrañas infusiones de trigo, soya o qué se yo que ella convencidamente llamaba "café"... su extraordinaria habilidad para crear arreglos con flores, lazos, cintas, retacitos de tela... era una artista con sus manos. Aprendió de todo, pintura, modelado de flores con papel y un sin fin de técnicas de las que sólo quedan como muestra alguna de las cosas que ella confeccionó y las fotos de algunos eventos familiares en los que ella participó en la decoración.
Cada diciembre, nos sorprendía a todos con los regalos del "Tío Nicolás"... era tradicional esperar un envoltorio diferente cada vez, con creatividad y esmero se inventaba lacitos, tarjeticas y modos de empaquetar su regalo, aunque éste fuera un billete de lotería o una moneda de Bs 500 (de los antiguos).
Nunca habló de la muerte, o mejor dicho, no la llamó, no la esperaba, no se ocupaba de ella. Siempre tuvo un proyecto o una idea que mantenía su mirada a 2, 3, 15 días ... un año o más de distancia hacia el futuro. Así por ejemplo, cualquier manualidad que veía en la tele buscaba de hacerla o por lo menos comentarla con quien compartiera su afición, peleaba por los precios de las cosas y estaba pendiente del más mínimo detalle relacionado con la vida política de nuestro país, ¡¡sin guabineos y tomando partido con total claridad!!
De su boca escuchamos esta metáfora acerca de la muerte: "Todos estamos en la cola, unos más adelante que otros" y es cierto. La lección que mi tía nos ha dejado como herencia es el no ocuparse del puesto que tenemos en esa cola... ni para adelantar, ni para contar cuánto nos falta. Aún días antes de morir, ya con serios compromisos de salud y varios malestares, hablaba de eventos que ocurrirían el mes siguiente: ¿morirme yo?, si como no... algún día, no estamos libres de eso... eso no es todavía.
Fueron 97 años de una vida plenamente vivida, con sus dolores y sacrificios... con sus alegrías y satisfacciones, de pié y en actividad. Definitivamente, ¡Admirable!
Yo que vivo lejos siempre temí que llegara el momento de su partida mientras yo estaba fuera de alcance. Gracias a Dios, tuve la oportunidad de verla con vida ese día, su último día. Me miró con emoción, alzó los brazos como casi nunca había hecho, me echó la bendición y oramos (mi mamá, mi tía Morella, mi tía Carmen y yo) junto al sacerdote que estaba administrándole la Unción de los Enfermos. Desde ese momento tuvo un poquito más de paz y menos malestares... ese sábado, después de cenar, falleció... como si se hubiese quedado dormida, una trancisión leve, muy suave y pacífica a su nuevo estado de vida.
Y como la muerte es solo el comienzo de la vida para el cristiano, con toda confianza te pido una vez más la bendición y encomiendo amorosamente tu alma al Sagrado Corazón de Jesús, en cuya presencia seguro estás.
Carmen Elvira García 16/05/1911- 04/10/2008



Héctor dijo
Tu desaho deja unas cuantas reflexiones, como para tener una perspectiva diferente del miserio de la muerte. Vive tu momento, todos pasamos por ahí; nunca pretendo consolar a nadie en estas cosas, sólo es suficiente que sepas que aquí hay una mano y una oreja, y no hace falta que te lo diga.
3 Noviembre 2008 | 06:12 PM